07Feb

Me encontré a noche, en medio de una fiesta, conversando sobre milagros que suceden cuando una decide comenzar una vida más sana, más alineada con lo que el cuerpo necesita para estar mejor y estable. Cuando comencé a tomar conscienncia de lo que estaba haciendo, mientras lo hablaba, caí en la cuenta que tenia un vaso de “Gintonic” en la mano. Entonces automáticamente y de manera sutil, mi mente y mi cuerpo se conectaron con la incongruencia. Indefectiblemente comencé a sentirme mal, como si de algún modo me estaría fallando. Salía la voz castigadora de cómo deberían ser las cosas, de que debo ser impecable, perfecta; 

-No hay chance de que hables de estas cosas si aún no conseguis ser totalmente sana. ¿Qué van a decir los demás? Tu discurso no condice en absoluto con lo que dices…

Entonces, la voz real, la que vive y guarda los palos, la que acaricia con sus palabras sale a la luz y me dice:

-Para llegar a la alineación, a la congruencia, es necesario tocar los extremos, hay que conocerse bien, hay que dar espacio a que los malos hábitos se diluyan. Los humanos somos cuerpos complejos, dificiles pero blandos buscando sobrevivir constantemente. No te castigues, busca la forma de que lo que estes haciendo sea congruente genuino. Hacer a través de una voz ajena te hace aún más incongruente y además infeliz. Se puede ser consciente y tomar consciencia pero para incorporarlo se necesita tiempo, espacio y convicción.-

Así que, aunque toda esa reflexión haya pasado en unos minutos, el invite en ese momento era a tomar consciencia de la incongruencia pero a su vez, permitirse ser y estar en ese momento sin castigarse. Mostrándo a la mente y al cuerpo que era un tema para continuar después, sin perderlo de vista. 

En la vida vamos a pasar por miles de incongruencias, lo ideal seria darse cuenta y decidir hacia dónde, cómo y cuándo. Una vez que se toma consciencia de lo que no está alineado queda una opción, continuar por ese camino o cambiar de rumbo. Cada decisión que tomemos, a futuro, tiene su consecuencia, hay patrones que son más fáciles de ver otros son muy silenciosos. Lo importante es observar y cuestionarse.

10Jun

¿Sentís que a veces te cuesta poner en palabras lo que te pasa? Escribir no es solo un acto creativo, también es una herramienta poderosa para liberar emociones, ordenar pensamientos y sanar. En este post te cuento por qué escribir puede convertirse en tu refugio emocional y te comparto un ejercicio simple para empezar hoy.

No hace falta que seas un gran escritor o un gran lector la intención es otra

Hay algo profundamente humano en el acto de escribir. 

No importa si es en una hoja en blanco, en las notas del celular, en un cuaderno gastado o en el borde de una servilleta. Escribir es, desde siempre, una forma de dialogar con uno mismo, de ordenar el caos interno y de liberar eso que pesa y a veces no sabemos cómo decir. 

Las palabras tienen un poder que muchas veces subestimamos. Nos habitan, nos recorren, se nos atragantan o se esconden en rincones que evitamos mirar. Y cuando finalmente las escribimos, cuando les damos forma y las dejamos salir, algo se acomoda. Como si al nombrar lo que sentimos, ese peso dejara de apretarnos tanto el pecho. Escribir es un acto de descarga emocional. No hace falta tener una gran técnica, ni buscar que todo tenga sentido o que sea lindo de leer. Se trata de dejar que fluya lo que está adentro, sin filtro, sin juicio. Permitirnos sentir, reconocer, y soltar a través de las palabras. 

Escribir nos conecta con nuestra verdad, con lo que muchas veces no decimos en voz alta pero sí necesita ser escuchado. 

Hay estudios que demuestran que la escritura expresiva —esa en la que volcamos nuestras emociones, preocupaciones y pensamientos más íntimos— tiene efectos positivos en la salud emocional y física. Reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, y ayuda a procesar situaciones difíciles. Es una herramienta simple, accesible y profundamente transformadora. 

Cuando escribimos, le damos espacio a eso que duele, a lo que incomoda, a los enojos guardados y las tristezas que se acumulan. Y en ese espacio, algo se alivia. Porque escribir no solo ordena la mente, también alivia el alma

Te invito a probarlo. A escribir sin pensar demasiado, sin buscar explicaciones, sin corregir. A dejarte sorprender por lo que aparece cuando te das permiso. Puede ser un párrafo, una lista, una carta que nunca enviarás. Lo importante es que seas honesta, honesto con vos misma/o, que te escuches a través de las palabras y que uses esa herramienta que siempre está a mano, esperando ser tu canal de liberación.

Escribir es terapia, es ritual, es refugio. Y sobre todo, es un acto de amor propio.

A continuación te dejo un ejercicio de liberación a través de la escritura. super sencillo

Ejercicio de Escritura para Liberar Emociones

Te propongo que hoy te regales 10 minutos para vos. 

Buscá un cuaderno, una hoja o abrí una nota en el celu. Elegí un momento tranquilo, poné una música suave si te ayuda a conectar y escribí sin filtro sobre esto: 

"Hoy siento..."Dejá que las palabras salgan, no te detengas a pensar si tiene sentido, si está bien escrito o si es algo que “deberías” sentir. Solo escribí. Puede ser enojo, alegría, angustia, confusión, lo que sea que esté ahí. Permitite nombrarlo y sacarlo. Cuando termines, cerrá los ojos un instante, respirá profundo y si sentís que te hace bien, podés quemar esa hoja, romperla o guardarla. Lo importante es que ya no está adentro apretando.

Porque escribir es soltar. Y cuando soltamos, nos liberamos.

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